Bases teóricas de la evaluación educativa. (Juan José Monedero Moya).

Por: CP Álvaro Fonseca Vivas

¿Qué tan importante es evaluar? ¿Qué es la evaluación? ¿Cómo a parece en la educación? ¿Qué tan bien estamos evaluando? ¿Qué tan bien nos evalúan? ¿Para qué sirve la evaluación educativa?

Estas son algunas de las inquietudes que se generan con la coyuntura de una crisis educacional, también por la economía desatada en los Estados Unidos y tras la que se vive en un ambiente de incertidumbre al que se enfrenta no sólo los agentes de la bolsa, gobernantes y analistas, sino también la “gente del común”, que espera respuestas y recomendaciones para salir bien librada. Las instituciones de educación superior se verán afectadas de dos maneras contradictorias. “Por un lado, en el caso de las universidades privadas, el número de inscritos tendiendo a disminuir, sobre todo en algunas carreras, por falta de recursos o dificultad de acceder a créditos. Por otro lado los postgrados pueden ocurrir lo contrario, en tanto estudiantes o profesionales. Jóvenes con cierta capacidad económica que se gradúan y no consiguen trabajo, tienen más posibilidades de realizar especializaciones, maestrías y doctorados”, afirmó Javier Botero, rector de la Escuela Colombiana de Ingeniería y Ex ministro  de Educación Superior[1].
¿Estas decisiones si fueron bien tomadas? ¿Veamos cómo a la fecha la evaluación en la educación superior, si le está aportando y preparando a los educadores y educandos para una vida laboral? Lo anterior nos lleva a determinar qué tan importante es la evaluación y la veremos desde el punto de vista epistemológico con la delimitación conceptual e ideas afines que dentro de la cultura académica o educativa nos generan un grado de confusión y siempre estemos viendo a “la renovación conceptual, en laque se proyectan las aportaciones de numerosas investigaciones educativas de los últimos treinta años, se manifiesta en un considerable enriquecimiento de los ámbitos sobre los que se extiende la evaluación, de los criterios con los que se realizan juicios de valor y de las decisiones que se adoptan en relación con ellos…la actividad evaluadora a de sobrepasar el estudio de lo manifiesto para prolongarse hasta la identificación de las causas. Sólo de esta manera será posible tomar medidas que puedan contribuir al perfeccionamiento de la enseñanza” Rosales (1990, p., 13)[2].
Pero esto no implica que desconozcamos cómo la importancia del término de evaluación, por aquellos instrumentos de control y que veamos en la educación ese ingrediente que en las diferentes facetas y cambios históricos de la humanidad, no lo tengamos presente como lo manifiesta Ana María Geli (198, p. 48): “La evaluación del proceso docente es un trabajo extenso y complejo puesto que exige la valoración de todos los factores relacionados con el medio educativo: los objetivos planteados y su grado de flexibilidad, los métodos, técnicas y recursos utilizados, los comprobantes psicológicos y sociológicos que inciden en el aprendizaje de los alumnos, los medios materiales, funcionales y personales del centro, y de manera especial, las aptitudes, características y actitudes de cada profesor”.
Con base en el manejo tradicional de la educación como centros y la aparición de la pedagogía y sus especialistas, que viene de las órdenes religiosas que estaban dedicadas a la educación de la juventud se preocuparan desde muy pronto a proporcionar a los religiosos que se ocuparan en tal menester a una formación especial, donde aparece la imagen del maestro y del discípulo y la constitución de la infancia y la formación de profesionales dedicados a su educación,[3] hasta nuestros tiempos, en que la evaluación es punto fundamental y como lo manifiesta Monedero (1998, p., 16), se ha dejado sentir en la pobreza conceptual y metodológica de la que inicia a despejar y ha conllevado a señalar cuáles son las diferentes descripciones que se le han dado a la evaluación educativa y para entenderla nos la muestra en 12 descripciones, que resumiremos a continuación:
La Apreciación, uno de los sinónimos de evaluación es el de Apreciación (Appraisal), otros autores lo manifiestan como Assessment, conocido como Tasación, entendiéndolo por “Evaluación de los alumnos”, test, entre otros; otra es más cercana que es la de estimación – appraisement, que denota aprecio y valor que se da y en que se tasa o considera una cosa, presentándose a confusión, porque dos personas podrían utilizar el término de estimación queriendo decir una medición sin valor y el otro una evaluación sistemática como lo manifiesta Popham (1980, p., 19 y 20)[4]
Como la Decisión, ya se había mencionado anteriormente la crisis económica que afecta a la educación y en especial a las decisiones, este es un punto muy neutral por cuanto se considera a la evaluación como parte fundamental en la toma de estas decisiones, porque envuelve una serie de aspectos y constituye a su correcto desarrollo, mejorando los procesos, la administración y los programas como lo cita Cronbach (1963, p., 673), siendo estos plenamente diferentes e independientes, como se puede apreciar en la figura 1[5], el cual ayudara a reducir el riesgo o grado de incertidumbre como es la evaluación y la toma de decisiones que llega a los situación incierta o problemica, a la información de las causas, determinar las alternativas en las cuales se determina la ejecución de una alternativa seleccionada para posteriormente ser evaluadas, solucionando el problema, si no lo es importante repetir el ciclo con ayuda en la evaluación de un asesoramiento.
Los Indicadores, son indicadores no solo los instrumentos al servicio de la propia evaluación educativa, medidores indirectos que llevan en su conjunto una idea del estado del objeto de síntomas o factores y que ha sido introducidos últimamente es te concepto por (Norris, 1992; Elliott, 1992; Álvaro Pagè e Izquierdo, 1992; Tiana, 1994 y Serrano el Alvis, 1995).
La indormación, este es un punto importante sino esencial de la evaluación, por lo que sin ella es imposible evaluar, porque aparte de disponer de los datos se necesita una persona que “juzgue” y por lo tanto estos informes deben ser eminentemente descriptivos y así garantizar la credibilidad con el acompañamiento de las revisiones pertinentes y de esta manera le permita al lector juzgar, sobre los mismos, conjugando los datos obtenidos a través de métodos cuantitativos con los conseguidos mediante investigaciones cualitativas o cómo lo menciona Hilda Taba (óp. Cit., p. 407 y 408), sobre la recolección de la información o evidencias relevantes sobre el logro de los objetivos que permitan formular juicios[6]que en la actualidad se trataría de encontrar modelos capaces de integrar diferentes aportaciones o procedentes de la utilización de una diversidad de instrumentos de recogida cómo los planteados por, Rodríguez, Gutiérrez y Molledo (1992).
La investigación educativa, como ya hemos venido mencionando y como lo plantea Monedero (1998, p19), con su figura 2, muestra tres rasgos fundamentales que la característica como es el objetivo, la generalización y el énfasis valorativo; una segunda es la evaluación educativa, que lo conforma las decisiones, baja y valor, y la investigación educativa con las conclusiones y alta verdad que en resumen la evaluación lo que busca es facilitar la toma de decisiones, sobre el objeto evaluado. y siempre estos versados hacia la evaluación del alumno no del docente, como podría ver lo que cita Popham (óp. Cit., p., 23): “La evaluación es una actividad tremendamente práctica. Las investigadores se contentan, por lo general con descubrir el mundo; pero los evaluadores quieren hacerlo mejor”, por lo que los evaluadores e investigadores se distinguen en que para este no es necesario valorar las cosas.[7]
El juicio y reflexión, es importante el juicio que se tenga en la evaluación y en especial por los educadores y los investigadores, lo que es manifestado como un sinónimo de juicio o la emisión de un juicio, cuando se compara una medida con las “normas” Mager, (1984) o los procedimientos, de esto depende la calidad del educando y se puede establecer el manejo del docente o como lo menciona Juana María Sancho (190, P., 8) resulta esencial la calidad de las informaciones que sustenta las premisas de un juicio para que este sea tal y no sea sesgado, por el evaluador y pueda originar conclusiones equivocadas: “la emisión de un juicio, sea sobre el valor de la actuación académica del alumno, el valor educativo de una institución, la calidad o pertenencia de un programa de formación del profesorado sobre la práctica docente, que no se sustente en la consideración de un conjunto de datos que permitan una comprensión global del fenómeno bajo consideración, tiene muchas posibilidades de construir un “pre-juicio”, es decir, hecho o situación que no es conocido o sin considerar alguno de sus aspectos”. Y Carlos Rosales (óp. Cit., p.15), aclara, sobre la finalidad de mejorarla: “Esta reflexión se entiende como evaluación si se sitúa en el origen de decisiones para el perfeccionamiento”, situación importante dentro del desarrollo del trabajo.
La medición como poder determinar si un alumno es bueno o es malo, generalmente por sus calificaciones independientemente, de su calidad humana, como lo manifiesta Livas, (1980, p., 11), en el cual la evaluación determina el grado en que ese objeto posee un valor, según esta autora habría que resaltar que “la medición siempre es una propiedad y nunca la cosa o persona que la posee”, advirtiendo, acaso, a quienes hacen un isomorfismo entre el alumno y su calificación.
La valoración, este es otro de los aspectos que se tiene en cuenta para el manejo de la evaluación y sino el más importante, porque se es el que más se ve y esperan a quienes se evalúan, la referida a la explicación del valor intrínseco extrínseco de los objetos. Desde el punto de vista este angulo la valoración seria mas la estimación de la virtud que una ayuda para facilitar la toma de decisiones y generalmente es cuantitativa, como Wheeler (1979, p., 288), lo relaciona con los conceptos de medición, valoración, que curiosamente condiciona al grupo, no al individuo y “evaluación” del siguiente modo:[8] “Se trata, por lo tanto, de un término general que incluye el más restringido de “medición”, el cual implica un cierto tipo de escala en la que los individuos se ordenan de acuerdo con lo que saben o pueden hacer”.
De todo estos manejos que se establecen para la evaluación también encontramos que esta evaluación se puede realizar mediante los exámenes, los controles, los test o las pruebas de rendimiento escolar, que van demostrando como se desarrolla el proceso de aprendizaje que su parte Ennis (1993), admite la dificultad de los exámenes para poder valorar el pensamiento crítico de los alumnos, pero opina que el problema es debido a un diseño deficiente de los mismos  no, por tanto, achacables al instrumento en sí. Propone una serie de criterios para poderlos utilizar de una forma adecuada, realizando hechos, trabajos y productos, que deben ser evaluados teniendo en cuenta su uso y su contexto, como lo afirman Madaus y Kellaghan (1993).[9]
De otra parte el resultado que se ve reflejado en una nota, calificación o puntuación, que para otros son una medida y, consecuentemente, sólo se relacionan con la evaluación en tanto en cuanto proporcionan información. Existen otros autores quienes opinan que sirven como sustitutas de los informes y su finalidad es eminentemente social: están dirigidas a los padres, a las certificaciones, promociones entre otros. Pero según Carreño (1985, p., 27), lo más común entre los profesores es el utilizar la evaluación con el propósito exclusivo de constatar los aprendizajes de los alumnos para emitir calificaciones que son “el monto o volumen de los aprendido”. Confundiendo la evaluación con la realización de las pruebas, la aplicación de exámenes, la revisión de los resultados y la adjudicación de calificaciones que no son otra cosa que una medición del rendimiento escolar.[10] De esta forma se va contemplando la responsabilidad o el reparo en la a no ser porque hay un término que es utilizado en ingles como es el “accountability”, que es utilizado en la rendición de cuentas y esta directamente relacionado con la evaluación.
Sin embargo no todas las evaluaciones merecen este crédito y la responsabilidad es la que el docente junto con el alumno le suministre para determinar que tan bien le fue o no y que aspectos son importantes de mejorar, a lo que nos lleva a la evaluación que es el último aspecto referenciado por Monedero y que es base para este trabajo, que según Stufflebeam (1987, p., 197), la evaluación coincidiría con el “enjuiciamiento sistemático de la valía o el merito de algo”, o la “investigación sistemática del valor o el merito de algún objeto”, como para otros la palabra evaluación es algo más complejo, [11]Forns, (óp. Cit., p., 108), “la palabra evaluación nos induce inmediatamente a pensar en la posibilidad de efectuar cierto número de estimaciones cuantitativas y cualitativas acerca del valor, la importancia o la incidencia de determinados objetos, personas o hechos”.


[1] Articulo diario EL TIEMPO, “Trabajo y Educación afectados por la crisis”, Bogotá, D.C., Noviembre 2 de  2008, p. 4-2.
[2] MONEDERO, Moya Juan José, “Bases teóricas de la evaluación educativa”, Málaga, Ediciones Aljibe, p 15.
[3] VARELA, Julia, ALVAREZ, Fernando, “Arqueología de la Escuela”, Madrid, Ediciones La Piqueta, 1991, p. 32.
[4] Ibídem p., 17
[5] Ibídem p., 17
[6] Ibídem p., 19
[7] Ibídem p., 20
[8] Ibídem, P., 24
[9] Ibídem, P., 26
[10] Ibídem, P., 27
[11] Ibídem, P., 29


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